Vélez busca estímulos de acá al final. Consumió una fecha, ante Atlético de Rafaela, y la sensación de desquite quedó huérfana tras la eliminación en las semifinales de la Copa Sudamericana, ante Liga Deportiva Universitaria. También Ricardo Gareca agudiza la vista por un desafío que lo haga sentirse con apetito después de haber conseguido tanto en el club de Liniers. Será cuestión de tomarse las cosas con la relativa calma que le permitirán los resultados. Sólo entonces se sabrá si el equipo de la V en el pecho entró en una etapa de recambio. El debate será más profundo. Pese a las sensaciones del final, 2011 le deparó alegrías a Vélez, campeón en el Clausura, cuya metodología de trabajo de ninguna manera se resolverá en apenas un par de fechas.
Atlético de Rafaela sí que tiene en claro sus estímulos. Dejó la B Nacional y se reencontró con los poderosos con una cosecha de puntos más que ponderable. Y anoche hilvanó otra victoria en la que también se valió de los contratiempos en los que pareció haber caído Vélez. No será un dato menor un gol al minuto de juego y la llamativa expulsión de uno de los más experimentados, Sebastián Domínguez, apenas a los 19 minutos, por un golpe sin pelota a Serrano. Los santafecinos le exprimieron el jugo al factor sorpresa y dosificaron las fuerzas con la ventaja numérica. No será cuestión de menospreciar la astucia en los momentos cambiantes. Esos en los que muchos equipos caen en una llamativa parálisis.
A Vélez le costó concentrarse. Se notó con la distracción defensiva de la que Castro se valió para la conquista que le allanó el panorama a Rafaela. Quedó en claro con la roja para Domínguez, que obligó a Gareca a reacomodar la defensa con el ingreso de Tobio y la salida de Velázquez, que se había insinuado punzante. Ni qué hablar con la otra expulsión, la de Papa, por doble amonestación. Se volvió previsible, entonces, el segundo gol de Rafaela, tras una escapada de Carrera.
Coincidieron los momentos: el del repunte de Rafaela y el de los replanteos de Vélez. Nada alarmante.
Por Néstor Clivati